Hace días que teníamos ganas, Cuñao y servidora, de llevarnos a unos amiguetes/as y a Bonito del Norte al Fragineto, mi pico favorito de la sierra. Ya teníamos en cuenta que el barranco de la Fabana bajaría cargadito, pero no contábamos con que nuestra pericia no sería suficiente para salvarlo. Así fue como ocurrió:
Salimos de Güeskonsin tempranito a sabiendas de que la jornada no sólo sería durilla sino también larguilla. Empezamos a caminar con un día espléndido contentos y animados ante lo que se presentaba como una jornada montañera de esas que yo llamo “triunfada”. El cuñado y yo ya nos conocemos la ruta pues la hemos recorrido varias veces juntos y, aunque hacía tiempo que no pasábamos por allí, todo sigue igual. La ermita de La Fabana nos recibe bajo un cielo azul despejado que nos invita a continuar la marcha para adentrarnos en el bosque que nos sirve de antesala para el barranco de La Fabana.
El ruido ya me hace sospechar que, efectivamente, el flujo fluvial nos va a hacer trabajar de lo lindo, pero nos portamos todos estupendamente durante un primer tramo en el que nos lo pasamos bomba saltando de piedra en piedra y colgándonos de rama en rama a lo tarzán para sortear el agua y evitar mojar los pies que nos tienen que aupar a la cima soñada.
Durante un breve tramo, la senda esquiva el barranco y nos creemos que lo peor ya ha pasado cuando se presenta ante nosotros la temida garganta de la que ni Cuñao ni servidora se acordaban. Aquí si que la cosa pinta complicada, otras veces habíamos podido pasar haciendo un pelín el cabra por algún lateral en “travesía trepadora” pero hoy ni siquiera eso. Pos nada, a descalzarse y a limpiar bien las garretas en agua fría que es muy bueno para la circulación, oyes, las extremidades inferiores como de críos nos quedaron.

Tras otro tramo “seco” siempre con el barranco discurriendo el muy cachondo a nuestra vera, salvamos un caos trepando y destrepando algún torroco hasta que alcanzamos el último estrecho. Sabemos que allí se acaba el barranco y empieza la senda seca que tanto añoramos, pero el estrecho está para descalzarse otra vez. En este momento me entró la sensatez, y tras comprobar que llevábamos dos horas para salvar un tramo que como mucho cuesta media, propuse la temida media vuelta y el furor popular catapultó mi propuesta a los anales de la historia montañera como si de una revelación divina se tratara.
No hubo desánimo ni lloros. El regreso ya fue puro cachondeo como quien se lo pasa pipa en los aquaparks de esos que hay por las costas, pero sin pagar ni aguantar marujas y niños maleducados. El resto del grupo fue más sumiso pero esta servidora, a sabiendas de que las zapatillas cómodas, secas y calentitas estaban a mi espera en el coche, dejose las botas puestas y pa’lante como los de Alicante con el barranco de la puñeta.
Aprovechando que ya íbamos bien de tiempo y antes de almorzar en la ermita, aproveché para echarle unas foticos a las primaveras que ya hacen acto de presencia y a otras florecillas que les acompañan pero que no he sido capaz de identificar (estoy segura de que alguno por ahí me ilumina):
Para culminar la gesta y llegando a buenísima hora, aprovechamos para echar el correspondiente vermú en la Bodega Pirineos que para eso está.
El Fragineto se me hace rogar una vez más, mira que es puñetero el jodío, yo creo que me tiene miedo ya.
Fecha real de… estoooo… ¿excursión?¿barranco?... ¡AQUAPARK!: 09/03/2013
Cartografía: Editorial Alpina la que nunca atina
Fotos: Las que pude hacer dadas las circunstancias