martes, 5 de marzo de 2013

Raya d’as Tiñas – Bonés (Jóvenes Castoras en ruta circular)


El año pasado para estas fechas (mes arriba, mes abajo) probamos con Bonito del Norte esta senda recuperada hace poco por un amiguete nuestro.  Aquel día hacía un viento gélido y una pereza humana alimentada por los olores del restaurante de Arguis que nos hicieron desistir ya en lo alto de la ruta para bajarnos a degustar el menú de la casa.  Esta vez me propuse hacer la ruta “completa” como me habían recomendado.

Así que, puesto que el estado meteorológico del día y el mega-bocata de tortilla en la mochila eran propicios, emprendimos ruta esta servidora y una de las incontables Jóvenes Castoras hacia Arguis para atravesar el pueblo y continuar por la carretera vieja de Monrepós hasta un “apalanque” justito para dos o tres coches a la derecha de la carretera un poquito más adelante del lugar donde se encuentra el principio de la senda (mano izda. de la carretera) hacia Bonés.  Nos calzamos las botas y emprendemos marcha por la senda que enseguida se bifurca a la izquierda, casi nos pasamos, pero hay un cartel visible que indica “Raya d’as Tiñas”.  Sólo hay que seguir la senda bien pisada y señalizada por hitos que nos irá llevando por el límite del cortado dirección oeste.


Cuando ya nos encontramos en el punto más alto del cortado, localizamos las ruinas de la paridera D’a Foya hacia las que hay que dirigirse.  Una vez allí, hacemos parada y avituallamiento para recuperar fuerzas.  Desde aquí hay que estar atentas pues la senda se puede perder pero pronto llegamos a la conclusión de que “si no hay hito, noesporai”, así que atendiendo esta máxima, de hito en hito, coronamos un alto muy próximo a un par de cotas (1.604m., 1.600m.) desde donde divisamos una espléndida panorámica del pirineo.  Con un día tan claro y después de tantas nevadas, lluvias y vientos casi parece que podemos tocar el piri con las manos desde aquí.



Ahora cambiamos de vertiente encontrándonos en un bosque de esos típicos de las caras norte de Guara, aquí cuidadín otra vez buscando los hitos que a ratos se nos pierden por la nieve acumulada, menos mal que hay alguna huella antigua que más o menos nos orienta para ir bajando bien encaminadas dirección nor-este por lo que parece una antigua pista forestal hasta toparnos con la pista de Bonés.  Enseguida divisamos, a nuestra izquierda la Ermita de la Magdalena.


Ahora sólo queda seguir la pista, dirección este, para encontrar la senda por donde habitualmente se accede a esta zona.  Veo una senda que sale a nuestra derecha y en un momento de poca lucidez me pongo “burra encenegada” y empiezo a tirar por ahí mientras pienso “esto no me suena” y la Jóven Castora se me mosquea “Pirene, ¿es por aquí seguro?”.  La duda se instala en mí y decido dar media vuelta para volver a la pista.  Hay que continuar hasta toparnos con un cartel indicativo (esto ya sí me suena muchísimo más) así que sólo queda seguir la indicación del cartel hacia “Arguis”.  Desde aquí sólo hay que seguir el camino que primero asciende muy cómodamente para cambiar otra vez a cara sur para bajar por toda la solana hasta el mismísimo lugar donde hemos dejado el coche.


Fecha real de la excursión: 02/03/2013
Cartografía: Editorial Pirineos nº8 “El Reino de los Mallos
Fotrografías: Mi cámara ya no tan nueva

lunes, 25 de febrero de 2013

¡Paberme matau! Pico Borón (1.327m.)


Tras dos meses de profunda inactividad montañera debida a las condiciones meteorológicas adversas, decidí pasar de las predicciones y avisos de temporales de frío (¿-2ºC ola de frío? ¡anda ya!) y encaminarme, bien acompañada por mi cuñado experto “guarense”, hacia el Pico Borón.  La decisión fue rápida pues sabiendo que el problema sería el viento, lo suyo es elegir ruta cara sur que discurra al ser posible por alguna zona “encajonada”.  Además, no había tenido yo el placer de conquistar el mítico Borón y ya era hora ¿no?.

Ale pues! Aparcamos en el parking de la presa de Vadiello y desde allí mismo sale la senda muy bien indicada con un cartel.  La cosa empieza con buena rampa para calentar o más bien espiazar las piernas dirección a los mallos de Ligüerri (San Jorge, El Puro, La Mitra…) que nos brindan un bonito paisaje para hacer más pasable la inevitable sudada y el mega-sobrealiento de esta pobre servidora.


La cosa se adentra en una canal bastante tupida que deja los mallos a la derecha.  Bien, aquí la cosa se pone emocionante, a trepar se ha dicho pero el desentreno hace lo suyo y empiezo a notar la pájara que acecha silenciosa en forma de “culo preto que ya verás que me la voy pegar”, pero ahí está el cuñao, paciente y comprensivo para esperar y alentar porque una se puede estar cagando en los pantalones (con perdón) pero “por mis ovarios que subo”, así que trepada tras trepada alcanzamos por fin el alto del Mallo San Jorge que queda a nuestra derecha donde ya la cosa cambia y se convierte en una agradable senda con muy agradables vistas del entorno.


Ya sólo queda caminar por los llanos de Diazas siguiendo la senda marcada por hitos hacia la punta Ligüerri desde donde hay que descender hacia la derecha por la pared de conglomerado (muy tumbada, cómoda y adherente) para, en diagonal dirección norte con un pelín de destrepadilla sin manos ni ná, alcanzar una zona boscosa que nos desciende hasta el collado de Ligüerri.


Ya en el collado sólo queda atacar la cima con mucha paciencia por una pedrera de esas que te hacen cantar…

Un dos tres

Un pasito pa’lante María

Un dos tres

Un pasito pa’traaaass

Y así, canturreando y maldiciendo mi baja forma convertida en sobrealiento excesivo, alcanzamos el Borón con sus magníficas vistas del cordal de Guara, toda la zona de “Los Pepes” y el pirineo merengue al fondo.  Un par de fotos y pa’bajo huyendo del viento para llegar otra vez al collado y allí, al abrigo de un peazo bucho que nos hace de “trasaire” damos buena cuenta del bocata que sienta de pistón.



Para volver, la experiencia manda y hacemos caso omiso a la multitud de trazas que marca el mapa y que harían nuestras delicias de completar la jornada en sentido circular, pero conocemos bien la sierra y sus “caminitos de puntitos”, así que por el mismo camino y a destrepar lo trepado.  Ahora sí, la pájara se manifiesta en todo su esplendor y las piernas se me convierten en “plastilina” mientras desciendo los últimos metros hasta el coche.

Excursión muy bonita pero muy deportiva recomendable para expertos o acompañados de éstos y en forma física óptima (hoy estoy sufriendo las peores agujetas de mi vida).

Fecha real de la excursión: 23/02/2013
Cartografía: La cabezota del cuñao
Fotografías: Yo misma y mi súper móvil smartphone

viernes, 4 de enero de 2013

Puchilibro o Pusilibro (a gusto del consumidor)

Me hubiera gustado hacer alguna excursión el mismísimo día de Nochevieja pero había que preparar la cena que como una es valiente, pues va y organiza banquete en casa (así, con dos ovarios).  Sin embargo, el día antes pude sacar un rato y juntar una cuadrilleta para subirnos al Puchilibro y despedir el año contemplando las vistas de mi amorcito el pirineo.

Así que por la mañanita no muy temprano emprendimos marcha hacia el Castillo de Loarre desde donde partimos por la PR-HU-105, que no es la ruta normal pero para mi gusto es la más maja pues se sube casi todo el rato por bosque siguiendo una senda empinada pero muy cómoda, todo perfectamente indicado. 

Siguiendo esta senda, desembocamos en una pista que hay que seguir unos 100m. hasta encontrarnos con un desvío a mano izquierda que nos llevará por una sencilla y entretenida cresta hasta un collado boscoso donde un cartel nos indica la dirección a seguir para 500m. más adelante llegar a la cima.

Tras las fotos de rigor y un poco de avituallamiento emprendemos el descenso esta vez por la normal.  Hacemos una parada para comer en los prados que sirven de lanzadera para los parapentistas, allí, a la puerta de un refugio que nos hace de trasaire desenfundamos botas y tupers hasta que echamos en falta el café que nos servirán más tarde en el camping.


Fecha real de la excursión: 30/12/2012
Cartografía: Esta cabecita que tengo
Fotos: Con el móvil, me dejé la cámara (así han salido...)

lunes, 24 de diciembre de 2012

viernes, 14 de diciembre de 2012

Raqueteando por Aneu


Pensando en los tiempos en que durante el invierno no me quedaba otra que andar hundiéndome hasta las rodillas, recordé la envidia que me daban los pocos franceses que veía desfilar con sus raquetas.  Así se me ocurrió la idea de hacer lo propio ahora que semejante herramienta está de moda y así recordé que la zona donde más había contemplado la hazaña del “trekking enraquetado” era el Valle de Anéu, cercano y siempre blanco.

Allá que nos fuimos tempranito por la mañana con la intención de darle la vuelta al Peyreguet con las raquetas alquiladas en los pies.  Paramos en Escarrilla al visualizar el cartel de raquetas de alquiler, nos hacemos con las herramientas y echamos un café para calentar cuerpos que hace frío del de verdad.  Ahora sí enfilamos dirección a Francia y al llegar a Portalet vemos que los vecinos, como es habitual, no limpian mucho sus carreteras así que aparcamos en la mismísima frontera para empezar a andar raquetas en mano en busca del famoso parking que hay unos metros más adentro del gabacho.



Al poco vemos una pandilleta colocándose los zarrios esos en los pies y bajando directos hacia la archifamosa granja de Gabás esa donde venden queso bueno, bueno.  Ale, pues nos apuntamos y tras cuarto de hora de ajustes varios ponemos marcha hacia la granja.  Paramos cerca de ella para realizar las evacuaciones corporales pertinentes y de paso decidimos dejar el plan de la vuelta al Peyreguet para otro rato pues las puñeteras raquetas de alquiler parecen más zapatos de payaso que otra cosa y aunque ayudan no son fáciles de manejar, menos para no iniciados como nosotros.  Así, dejamos la senda del Peyreguet a nuestra derecha y enfilamos hacia el fondo del valle gozando como enanos de un día soleado y sin viento, con la temperatura ideal para andar en jersey y hacer el tonto con la nieve que pa eso está.


Llevamos andando como un par de horas cuando encontramos una vaguada maja y llana para desviarnos a nuestra izquierda y enganchar con otro itinerario que según el mapa nos llevaría directos a la frontera.  Pero antes paramos a comer algo en un colladito a los pies del Pene de la Glére que parece lo menos el campo base del Everest petao de peña ataviada de ropas y herramientas diversas como para ir vaya usted a saber ande.  Ahora sí, empezamos a bajar siguiendo a “todo kiski” hasta que mi olfato de “perreta caminera” hace aparición y propongo dejar de seguir a la peña para desviarnos y situarnos en el itinerario más llano que nos lleva ¡sí señor! Directos al coche (¡que fiera soy por dios!).

¡Y eso es todo amigos! Un paseito majo para retomar contacto con la nieve e ir practicando con las raquetas que he de admitir, son útiles, aunque no en todos los terrenos.

Fecha real de la excursión: 09/12/2012
Cartografía: Un mapa gabacho que no tengo a mano ahora mismo
Fotos: Pocas pero majas ¿no?

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Jóvenes Castoras al aroma de pacharán


 De repente los astros se conjugaron todos ellos y en el mismo fin de semana se sucedían dos hechos casi casi irrepetibles: 1.- Bonito del Norte tiene trabajo fuera todo el finde 2.- Casi todas las amigas están libres y dispuestas para subir al monte. ¡DIOS! Por fin te has acordado de mí.

Elegimos como destino la localidad de Villanúa, más que nada porque tenemos casa gratis gracias a Joven Castora II (la I soy yo, si eso, porque yo lo valgo).  Viernes, 20:00 horas post meridian, ponemos rumbo con mi “silver bullet” cargado hasta las molduras de los espejos sobre todo de leña de la buena para hacer brasa y bien de viandas para sobrevivir el tiempo que haga falta.

Llegamos a Villanúa a eso de las nueve (post meridian también), encendemos la calefacción y nos vamos a cenar por ahí, que no hay tiempo para brasas y los estómagos rugen que no veas.  Vamos de ligero, hamburguesas y vino que hay que preparar cuerpos para subirnos al día siguiente a Cenarbe, que nos hace ilusión porque el abuelo de Joven Castora II era de allí. 

Haciendo planes decidimos echarnos un digestivo al cuerpo para darle tiempo a la caldera de calentar bien la casa.  Y así empezó a correr el pacharán, uno tras otro, así sin enterarnos hasta que sin saber cómo, nos despertamos al mediodía del sábado con una resaca de las buenas y sin calefacción, todas apelotonaditas junto al hogar.  A lo hecho ¡pecho! Así que nos vamos a almorzar-comer tras lo cual Joven Castora IV nos abandona y se vuelve pa Güeskonsin. 




Así nos quedamos Jóvenes Castoras I, II y III un poquito arrepentidas de nuestra hazaña nocturna pero con ganas de disfrutar lo que queda de día y sin darle más vueltas, nos cogemos una botella grande, muy grande de agua y ponemos marcha hacia el monte en busca de la nueva senda marcada como “Sendero Botánico As Foyas” que sale desde la oficina de turismo y con muuuuchíiiisismos carteles e indicaciones que nos llevarán a realizar un entretenido recorrido por la ladera dejando el río Aragón a nuestra izquierda hasta que, antes de que empiece a anochecer, decidimos enganchar con el camino de santiago y dejando el río esta vez a nuestra derecha volver al pueblo a descansar.

Contentas y satisfechas con nuestro plan B, y con la calefacción arreglada por fin, encendemos el fuego para ir preparando las brasas que nos estarán esperando cuando volvamos de visitar la “Villanúa Second Hand” que no era otra cosa más que una feria de artículos de montaña de segunda mano.  Al llegar a casa, aprovechamos de bien las brasas con su corderito, longaniza, panceta, morcilla y bien de vino que el mal vino con vino se pasa.  Tras la correspondiente sesión de marujeo, nos fuimos a dormir para regresar el domingo temprano a Güeskonsin que hay que cumplir con las familias.

CONCLUSIÓN: A veces (y sólo a veces) vale la pena un poco más de pacharán y menos monte si la dicha es buena y las amistades crecen.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

AGÜERO-RIGLOS PASANDO POR PUNTA COMÚN (1191M.) CON LA COMARCA DE LA HOYA

Iba andando por la calle cabizbaja, echando de menos algo de actividad montañera, cuando se presentó ante mí cual aparición mariana un cartel de la comarca de la Hoya de Huesca anunciando una serie de rutas senderistas guiadas y organizadas por su departamento de deportes.  ¡Pos ala! Mejor que mejor: así no tengo que pensar.

La cita es a las 8:30 en la estación intermodal y allí, poco a poco, nos vamos agrupando los senderistas hasta que ¡caspita! Veo aparecer dos viejos amigos y enseguida ato cabos: ¿estos dos van a ser nuestros guías?… ¡perfecto! Me voy a reír un montón (lo cierto es que me porté muy bien dada la situación).

Llegamos a Agüero y tras esperar un rezagado que nos hemos dejado en Ayerbe, empezamos a caminar desde el camping en dirección a los mallos para rodearlos por su izquierda hasta llegar a un desvío que a su derecha nos llevaría otra vez al pueblo rodeando completamente los mallos.  Nosotros seguimos a la izquierda dirección noreste por una penosa cuesta de esas que te hacen sudar virus, cañas, cubatas y hasta parte de las primeras papillas. 

El camino se suaviza y vamos recorriendo antiquísimos cultivos y observando cómo la naturaleza se va recuperando de los varios incendios sufridos por esta zona. Así hasta alcanzar el collado “Barrera de L’Estanco” donde unos cuantos prefieren esperar a los que seguimos en muy cómodo ascenso por la arista hasta la Punta Común, aquí hacemos las fotos de rigor y descansamos un poquito antes de descender para reunirnos con el resto del grupo.


Ahora ya toca bajar hacia Carcavilla para lo cual seguimos las marcas azul-blancas y los habituales piloncillos de madera de la comarca de la hoya…¡amos! Que el que se pierda es porque quiere.  Paramos a comer en la ermita de San Chinés donde empiezan a brotar “tupers” y botas como setas ¡jo! Así no hay quien guarde la línea.  Bien comidos y bebidos nos disponemos a continuar la bajada para cruzar el puente de Carcavilla.


Desde el pueblo de Carcavilla, sale una PR que primero asciende un poco para luego bajar hasta las vías del sin par “Canfranero”.  Desde aquí continúa paralela al río y empieza el ascenso cuando ya nos encontramos justo debajo de los mallos, así, llegamos a la explanada que antaño nos servía de parking a los jóvenes lanzados que pasábamos los domingos de resaca haciendo el mono.  Sólo nos queda cruzar el pueblo, parar en el refugio a echar una merecida cervecita y llegar al parking de la piscina, donde nos espera el autobús.


Muy agradable recorrido con estupendas vistas del Reino de los Mallos.

Fecha real de la excursión: 11/11/2012
Cartografía: La cabezota de mi amigo Juan
Fotos: Servidora