lunes, 30 de julio de 2012

COLLARADETA COMO UNA MARQUESA

Andaba yo emperrada en subir a Collarada, hace casi veinte años lo hice por primera vez y también fue mi primera cumbre pirenáica así que le tenía ganas.  Entré en la web del ayuntamiento de Villanúa para buscar información sobre los permisos que conceden para subir con el coche hasta el refugio de la Trapa y me sorprendí al ver que durante el verano no conceden permisos sino que te suben ellos mismos en todoterreno por ocho euretes, diez si quieres que también te bajen.  Bueno, me lo pensé un poco y decidí seguir navegando un rato por la web hasta que ¡caspita! Me encuentro con que ese finde organizan una ascensión guiada a Collaradeta.  ¿Que me lleven a un pico sin que tenga yo que pensar, sólo dejarme llevar y disfrutar?, sin dudarlo me apunté, como una marquesa oiga.

A las siete y cuarto de la mañana ya estábamos en las inmediaciones de la oficina de turismo de Villanúa donde nos esperaba un señor que sin duda era el guía que nos llevaría hoy hasta Collaradeta a Bonito del Norte, migo misma y ocho más.  Un par de trámites y al rato empezamos a subir por la pista hacia el refugio de la Espata, donde dejamos los coches y empezamos a andar, primero por la pista y enseguida por senda muy marcada que cogemos a nuestra derecha.

Las primeras cuestas por bosque a paso de guía, es decir, despacito y con calma: “paso para llegar”.  Al poco nos encontramos con el paso clave de toda la ascensión, una canal muy fácil donde apoyamos las manos un par de veces pero sin mayor dificultad y empezamos a obtener vistas de la mole de Collarada y al poco ya tenemos a las dos hermanas al alcance de las manos, bueno más bien del objetivo… ¡que guapas ellas!.


Continuamos ahora por una ladera calizo-herbosa que, para nuestro disfrute, nos encontramos plagada de flores de nieve o edelweis por dorquier… bien de fotos y a continuar.  Cada vez tenemos más cerca el objetivo de hoy.


Superamos un pequeño contrafuerte y torcemos hacia la izquierda hasta un collado que nos deposita en un pequeño valle entre ambas collaradas.  Tiramos ahora a nuestra derecha por pedrera buena y bastante estable de la que salen corriendo unos cuantos sarrios que hacen nuestras delicias con su gracilidad (¡ains!). 


Vamos laceando primero a la izquierda y luego a la derecha ya dirección a la cumbre superando otro pequeño paso de esos de poner las manos para, ahora sí, llegar a la cima más feliz que una perdiz.  Vistas espectaculares aunque ensombrecidas por las nubes de evolución que llevan formándose toda la mañana pero que no descargan ni molestan.


De bajada, nos desviamos un poco pues el guía decide recompensar nuestro buen comportamiento (admito que hemos sido un grupo muy majo, nada quejicas y muy dispuestos) con la extraordinaria visión de uno de los rincones más bonitos que he visto en esta zona…


Con un delicioso sabor de boca y más contentos que chupillas, bajamos por el mismo camino a los coches y nos despedimos.

Me ha pasado lo mismo que cuando visito una ciudad nueva.  No es lo mismo ver las cosas desde la ignorancia que cuando te acompaña un conocedor del lugar, dudo que alguna vez me hubiera dado por subir a Collaradeta siempre desmejorada por su hermana mayor y dudo más aún que en ese caso hubiera dado con “La Ventana”.

Fecha real de la triunfada: 28/07/2012
Cartografía: El cerebro de Manolo
Fotos: La de siempre

jueves, 19 de julio de 2012

DOS CLARABIDES Y UN DESCONOCIDO

Hacía muchos años que no culminaba una gesta parecida, mi último tresmil había sido el Neuville hará más o menos unos doce años y, desde entonces, mi actividad montañera se había limitado al trekkineo sencillo y algún picacho fácil y cortito.  Tuvo que llegar Bonito del Norte para sacarme de mi letargo.  Aquí va la historia de lo que ocurrió…

DÍA 1 (víspera del día 2): Llegamos a Benasque a comer, bien de pasta para preparar el cuerpo.  Nos acercamos por la carretera de Francia (que no llega a Francia) al parking del Valle de Estós.  Aparcamos y cargamos las mochilas, ahora recuerdo por qué dejé de irme a dormir por ahí ¡como pesa la jodía mochila de los años 90!.  Emprendemos la marcha hacia el Refugio de Estós, el valle está precioso, rebosante de vida… ¡que verde era mi valle!, nos zampamos alguna fresa por el camino aprovechando que es temporada y que los buitres que nos anteceden no han arramblado con todas, pero casi. A eso de las cinco y media de la tarde, ya estamos allí.  Nos inscribimos y subimos los sacos-sábana a la habitación donde Bonito del Norte me hace una interesante comparativa con los barracones de Auschwitz que visitamos hace un par de meses… ¡ejem!.  Cena en horario europeo y a jugar cartas hasta hacer sueño.

DÍA 2 (víspera del día 3): 7:30 a.m., hora zulú.  Tras un interesante desayuno, ponemos rumbo por detrás de los aseos del refugio (aaarggg) por una senda marcada que nos va llevando por el final del valle de Gías en dirección al barranco que lo atraviesa.  Al poco rato comenzamos a ascender por la derecha del barranco hasta llegar a un cruce de esos tan divertidos para sacar la típica foto de chapuzón… ¡no pudo ser! Estábamos ágiles todavía.

Continuamos por la izquierda del barranco superando varios resaltes que nos hacen apoyar las manos alguna vez, sin miedo, nada de patio y todo muy tumbadito, nada vertical… divertido, pero hay que ir avispado porque aunque el camino esté bien señalizado con hitos e incluso algún circulito de pintura blanca, podemos embarcarnos fácilmente cosa que no ocurre que para eso está mi olfato canino y consigo llevarnos por el buen camino y cruzarnos con una familia de marmotas que se dejan fotografiar y todo.




Poco a poco, ganamos altura y nos encontramos con un primer pequeño ibón que dejamos a nuestra izquierda por una faja muy bien pisada que nos encarama, ahora sí, en el bellísimo Ibón de Gías.  Llevamos un par de horitas andando, así que… ¡hora de almorzar!.


El tiempo pinta raro, el fondo del valle ni se ve y en poco rato nos rodea una inquietante niebla que tampoco nos deja ver claramente por dónde hemos de continuar, pero “se hace camino al andar” dice la canción, así que a tirar pa’rriba.  Vamos rodeando el Ibón que se queda a nuestra derecha para empezar buena rampa por pedrera cómoda hacia el collado de Gías donde nos quitamos las mochilas.  En poco rato nos encontramos dudando entre hacer caso “literal” al mapa o esperar a que despeje un poco para asegurarnos.  Estoy muy cansada pero como ya estoy allí, propongo tirar hacia la derecha a una cumbre que no tengo ni idea de lo que es pero está cerca y visible… ya bajando, si eso, tiraremos hacia los Clarabides de marras.  Dicho y hecho, buen palizón por caos granítico tresmilero de esos que tanto me gustan (esto dicho con mucho rintintín), para llegar a… estooo… ¿la Punta Lourde Rocheblave?, seguro que algún asiduo lector me lo aclara.


¡Ale pues! Bonito del Norte ya tiene su primer tresmil, ponemos dirección otra vez al collado y por fin empieza a despejar mientras los claros nos dejan maravillarnos con la magnífica mole del Posets como postal de fondo para los Claravides que ya nos están llamando.  Allá que vamos.  Nos cuesta bajar por el caos granítico de la puñeta así que paramos en el collado a repostar y dar cuenta del tradicional benjamín de cava que, como manda la tradición, le he hecho transportar a mi pobre vasquito para celebrar la ocasión.


Continuamos pues, esta vez por camino muy cómodo, bien pisado y evidentísimo hacia el auténtico objetivo del día: Claravides norte, tocar chufa y seguir hacia el Claravides central.  Aquí echamos un rato haciendo fotos y lamentándonos de no haber atacado aquí primero, así aún tendríamos ganas de ir hacia el Gías.  Me lo miro de reojo mientras decido empezar el descenso, estamos cansados y queda toda la bajada.


De vuelta al collado, mochilas a los hombros y a bajar lo subido.  Todo bien hasta que ¡pardiez! ¿dónde está el cruce del barranco? ¿y los hitos? ¿y nosotros, dónde estamos nosotros?.  El agotamiento es lo que tiene, que se empana una y durante media horita pierde el oremus.  Sin más contratiempo que un remojón en los piececitos (cosa que también se agradece) retomamos el buen camino y llegamos al refugio. Ducha, ropa limpia, cena y a dormir como lirones. ¡Que mansos nos quedamos, oiga!.


DÍA 3 (el día que nos fuimos a la playa): Amanecemos contentos y risueños hasta que ¡ains! ¡ habemus agujetas!... si es que ya no tenemos edad.  Desayuno, mochilas y a bajar.  Abandonamos el refugio con un día precioso y nada caluroso, toda la bajada se nos hace encantadora a pesar del dolor de garrillas y aprovechamos que no hay prisa para “jartarnos” de hacerles fotos al sin fin de florecillas y floripondios que encontramos por el camino.  Así, en lo que nos parece un soplido, llegamos a la “frago” y al rato a Benasque para darnos un buen homenaje de huevos fritos con jamón.  La playa nos espera… ¡que vida más perra esta!.


Recomendables los Clarabides para primerizos tresmileros.  Magníficas vistas sobre Francia y el macizo del Posets, rodeados de ibones.  De verdad, tresmil ideal para iniciarse (ojo, siempre acompañados de una mano experta).

Fecha real de la triunfada: del 8 al 10 de julio de 2012
Cartografía: Editorial Pirineo nº6 (Benasque - Ball de Benás. Parque Posets – Maladeta)
Fotos: Mi cámara nueva y mis deditos

miércoles, 20 de junio de 2012

Infierno en el Castillo Mayor


En el monte se tienen días normales, días buenos y días malos.  Esta es la historia de cómo NO se debe una comportar en el monte si quiere evitar la temida pájara (sí, a mí me dan pájaras como las de los ciclistas, es que soy una deportista de élite frustrada).

Todo empezó porque necesitábamos una excursión corta pero bonita para resarcirnos del embarque de la semana pasada pero regresando sanas, salvas y temprano para descansar suficiente y asistir al concierto de UB40 de aquella noche (para algo que traen a Güeskonsin…).  Bien, nos decidimos por el Castillo Mayor y de paso nos llevamos un par de chavalines que se quieren iniciar en la droga esta del monte.

Salimos dirección Aínsa a las ocho de la mañana.  Alrededor de las diez, aparcamos en un “apalanque” que hay pasado Puértolas, un poco antes de llegar a Bestué,  continuamos a pie por la carretera y a nuestra derecha sale una senda que casi casi y sólo casi llanea en clara dirección a las murallas calizas que le dan esa forma de castillo a nuestro objetivo de hoy.  El paisaje está verde y luminoso, con florecillas por doquier así que empiezo a sacar la cámara cada dos por tres cosa que me retrasa del grupo.


Aprieto el paso para pillar a la peña y empiezo a notar un no sé qué, pero no le hago caso, nunca sudo mi me afogo tanto pero bueno, allá que sigo.  Alcanzo a mi amigueta que me pregunta qué tal, digo que bien y sigo en mi empeño de hacer fotillos para luego apretar el paso y volver a encontrarme justilla de fuerzas.  Ya estamos pasando bajo las murallas y se aprecia el amplísimo embudo por donde hemos de pasar.



Oigo las voces de mis compis que se preocupan por mí, contesto que me encuentro “al punto de la pájara” pero puedo seguir más despacito hasta alcanzar el collado así que tragazo de agua y a tirar por las rampitas cómodas, sencillas y muy bien marcadas del embudo que nos deposita en un collado desde el que ya se aprecia el vallecito colgado (o sinclinal para los expertos) que hay que atravesar para dar el último empentón hacia la cima.  Me cuesta lo mío, ahora sí que utilizo el modo “paso de la vaca” pues chorreo de sudor y aunque las garrillas me aguantan el resto del cuerpo se me queja desconsolado.  Aquí sí, hay que parar un ratito para que esta pobre desgraciada descanse, recupere fuerzas y líquidos mientras piensa que: 1º no pasa nada por retrasarse haciendo fotos, 2º no hay que hacer cambios de ritmo bruscos y 3º hay que madrugar más para salir al monte cuando hace calor. Ah!, 4º elegir caras norte si sabes que va a hacer un calor de la muerte.  Es el momento de aprovechar para explicar que aunque veamos una senda muy claramente marcada directa a la cima, es mejor tirar hacia nuestra derecha por el valle para luego girar a la izquierda y divertirnos por el seudo-karst directos y con menos inclinación.  No hay quórum, tiramos rectos copiando a una pareja que vemos pasar.



Ya me encuentro mejor y cuando por fin mis compis se convencen de que esa no era la mejor ruta, les insto a seguirme.  Voy buscando pasos cómodos siguiendo algún hito de los muchos que hay desperdigados por toda la ladera de grietas y placas calizas divertidas para quien guste del ambientillo “alto-montañero”, agobiantes para primerizos en zapatillas.  Finalmente y tras pasar entre un par de arbolitos que para mí que misteriosamente eran arces, llegamos a la cima.  Se nos presenta Monte Perdido y las Tres Marías como si pudiéramos tocarlas con las manos, abajo Escuaín, Revilla, y Tella.  Más a lo lejos el Posets me saluda a sabiendas de que pronto le haré una visita.



Para la bajada, intento trazar el camino que solicitaba a la subida pero a falta nuevamente de quórum y tras un embarquito pequeñito propiciado por uno de mis principiantes, vuelven a seguirme por otra senda bastante pisada y marcada por hitos que en cortas lazadas nos lleva directos al sinclinal (¡huy! ya parezco una entendida y todo).  El resto de bajada por donde hemos subido disfrutando todo el rato de la Peña Montañesa, asados de calor y agotando todas las reservas de agua de las mochilas. Paradita gasolinera, lata de aquarius fresquita-ita y a casa a ponerse guapa (o intentarlo).



Mi segunda vez en este pico.  Todo un valor seguro para disfrutar de hermosas vistas. Recomendable dejarlo para fechas más frescas, el calor disminuye el disfrute y se presta a los malos ratos de valientes como servidora que recomienda no seguir su ejemplo.

Fecha real de la excursión: 16/06/2012
Fotos: mi cámara nueva estupenda de la muerte
Cartografía: todo de memoria, con dos ovarios.

martes, 12 de junio de 2012

DOMINGO AVENTURA... ¡EMBARCADA SEGURA!: Punta Güé


En principio la intención era subirnos al Castillo de Acher, motivo por el cual salimos raudas de Güeskonsin al punto de la mañana dirección al puerto de Santa Bárbara.  Al coronarlo, confirmamos nuestros peores temores: la zona estaba totalmente cubierta y no era una cubierta alta y agradable de esas que te van a dejar caminar plácidamente a la sombra, no, era un “peazo” de marrón.  Aún así, contactamos con un topo infiltrado en la zona para que nos confirmara posibilidades.  Negativo.  La zona tiene preligro.

¡Pos ala! A Jaca a por un café y a sopesar posibilidades.  La zona menos cubierta y con más posibilidades era el prepirineo o Guara y allí ya no queríamos volver, que ya vale de coche oyes.  Bien, mapa del Serrablo en mano a buscar alternativas.  Peña Güé fue la elegida por su cercanía y buena situación…. ¡allá vamos!.

Según la reseña del mapa de marras había que salir por detrás del castillo de Larrés, bajar al río, cruzarlo y llegar hasta una huerta, cruzarla y seguir por la pista hasta un barranco cuyo cauce había que seguir hasta encontrar una senda marcada con hitos que nos depositaría en una pista que a su vez nos alcanzaría hasta la Punta Güé.  Pues no.

Cruzamos el río, encontramos la huerta pero ninguna pista que la atravesara.  Da igual, seguimos lo que nos pareció una pista, que desembocaba en un barranco… pero ninguna senda marcada con hitos.  Ahora bien, sendas sí, muchas… pero de bichos.  Después de unas cuantas vueltas, encontramos una pardina que aparecía en el mapa, allí paramos a almorzar con el ánimo ya un poco bajo después de dos horas investigando monte a través.  Miramos el mapa, tenía que haber una fuente al lado de la pardina: pues no.  Vuelta sobre nuestros pasos, último intento y análisis de todos los pequeños barrancos que nos encontramos en busca de algún hito o referencia.  Nada, no hubo forma.

Con las orejas gachas pusimos rumbo a Güeskonsin en busca de la bondad del hogar después de una jornada de esas que te dejan… ¡bah!.

Tanta diéresis y tanta tilde, ya sabía yo que el sitio este no tenía nada bueno.  Por lo menos estrené mi cámara nueva…







Fecha real de la embarcada: 10/06/2012
Cartografía: Editorial Pirineo nº 10 Serrablo
Fotos: la de siempre

martes, 8 de mayo de 2012

TOZAL DE GUARA (2.077m) Cara norte desde Used

 Desde que empezamos a salir, Bonito del Norte tiene ganas de subir al Tozal de Guara, cosa de entender porque tras 20 años viviendo en Güeskonsin… pues como que ya es hora.  Así que esta sufridora, con muy pocas ganas de madrugar y las justas de andar, atose los machos y (no sin antes reñir con el despertador, con Bonito del Norte, con la mochila, con el tuper para la tortilla y con todo ser animado o inanimado de la redolada ¡malditos confabulados para no dejarme dormir un ratito más!) emprendió camino al Tozal, esta vez por su cara norte utilizando la vía más sencilla de este lado: desde Used, pasando por el refugio de Fenales.
 Salimos de Güeskonsin dirección (otra vez) Arguis para tomar (otra vez) la carretera vieja de subida a Monrepós hasta desviarnos hacia el valle de Nozito y continuar dirección Bara por la pista asfaltada que hizo de “cortarrollos” a un corzo que (suerte para nosotros) tuvo que correr unos metros delante nuestro hasta poderse desviar fuera del asfalto.  Continuamos hasta la localidad de Used donde hay un parking bastante coqueto así que allí dejamos el coche y nos encaminamos por una evidente pista que en cosa de hora y pico nos dejó en el Refugio de los Fenales.
 Desde el Refugio, parte la senda muy bien marcada (y bien empinada también) que continúa por un bosque de abetos (¿abetos?, sí ¡abetos!) más algún boj y salva muy agradablemente toda la ladera durante otra hora larga tras la cual, va desapareciendo la vegetación y se abre la visión sobre el pirineo cubierto de nubes lo suficientemente altas como para fastidiar la foto y el resto del cordal “Guarense” con su Cabezo bien diferenciado del resto.


Un último empentón por la pedrera con buena y marcadísima senda y llegamos al collado para hacer una merecida parada, cacho tortilla de patata, tragazo de la bota para Bonito del Norte y agua para servidora (sí, soy una sosa).

 Desde el collado ya se aprecia el vértice geodésico de la cumbre así que allá que fuimos para coronar ¡por fin! el Tozal de Guara.  Firma en el libro de mentiras y a bajar por donde hemos venido con una última paradita en los Fenales para terminarnos la tortilla que nos lo hemos ganado.
Muy recomendable esta ruta, mejor que la normal desde Santa Cilia, más variada en paisajes y vistas, bien señalizada y muy cómoda aunque algo más directa (dolor en las garrillas).

Fecha real de la triunfada: 6 de mayo de 2012
Cartografía: Editorial Pirineos nº7 (Parque de la sierra y los cañones de Guara)
Fotografías: La que viste y calza
Otras reseñas: web Pirineos3000
Nota de la autora: No hay fotos de cima porque había gente, nubes y… ¡que narices!, se me olvidó.


miércoles, 18 de abril de 2012

RAYA D'AS TIÑAS




Llevaba tiempo con ganas de acercarme a la famosa senda que había recuperado mi amigo Juan.  Ya me habían hablado del excelente trabajo realizado pero siempre estaba esperando a un finde “malo” de esos en los que apetece conducir poco, andar otro poco y volver a comer a casa.

Así que lié a mi Bonito del Norte y pusimos rumbo a Arguis.  En la carretera vieja que antes nos llevaba al puerto de Monrepós se encuentra el desvío de la PR que sube a Bonés, aparcamos y comenzamos a subir.  A pocos metros damos con el cartel que nos desvía a nuestra izquierda hacia la sin par Raya d’as Tiñas. 




El camino está muy bien señalizado con sus correspondientes mojones y gana altura rápidamente para acercarnos a las famosas Tiñas que no son más que unas bordas destartaladas que dan señal de la actividad de hubo antaño por la zona.  Empiezan así las vistas del pueblo de Arguis y su pantano. 





Un poco más de subida ya por el borde rocoso y miramos atrás para contemplar la norte de Guara.  El camino se empieza a poner marchoso pero sin peligro para los que pasamos del asunto del vértigo (los que sí lo sufren, mejor abstenerse). 






Incluso nos encontramos restos de las vías de escalada deportiva que se abren a nuestros pies para, finalmente, encaramarnos en el collado Morallón desde donde ya contemplamos un trocito de la pirámide final del Gratal,  la Sierra de Presín y la de San Juan de la Peña.  Incluso se puede intuir Santo Domingo allá a lo lejos.






Desde este punto, lo suyo sería descender a las parideras del fondo del collado para continuar por la senda (también recuperada por Juan) que nos dejaría en Bonés por la pista, pero hace un viento helador y no hay temples así que decidimos bajarnos por el mismo camino a comer a Arguis que tenemos la nevera temblando.


Excursión muy recomendable por entretenida, por la currada de recuperación que se ha marcado mi colega y por el ambientillo aéreo que recuerda durante un ratito (aunque poco) alguna de las fajas de Ordesa.  Más recomendable todavía completar la ruta circular pasando por Bonés.

Fecha real de la excursión: 15/04/2012
Cartografía: Editorial “Intuición de Pirene” versión “de mojón en mojón”
Fotos: A medias entre Bonito del Norte y servidora.

jueves, 12 de abril de 2012

CRUZ DE LACUNA

Como hacía buen tiempo y daban más para el día siguiente, aquella semana me dediqué a buscar una excursión que nos ascendiera a alguna cumbre donde no hubiera estado y si era en Guara, pues mejor que mejor.  Así que me repasé el mapa de Alpina del “Parque de la Sierra y los Cañones de Guara” de cabo a rabo y topé con la Sierra de Arangol.  Muy maja ella, parecía muy accesible desde variados flancos que podían depositarnos en un “piquito” llamado Lacuna Alta y, con un poco de suerte, hacernos con el Cabezo de Guara que tampoco cuenta entre mis haberes montañeros.

Así que ese sábado, a las nueve de la mañana, cogí mi “silver bullet” para recoger a mi partener y salir raudas dirección Rodellar.  Bien, lo que tiene ir con prisas es que te puedes dejar algo y un domingo soleado en el monte se puede convertir en infierno sin gafas de sol, elemento el cual me había olvidado depositado en la cómoda de la entrada esa donde se dejan las cosas que no hay que olvidar.  Así que vuelta a casa, recoger gafas y ya sí, retomar camino no sin antes repostar en la gasolinera del Eroski como es de tradición.

¡Por fin en la carretera! ¡que buen día hace! ¡que música tan guay ponen en la radio! … ¡vaya horas para salir al monte!.  Y ahora… ¿dónde estamos?, como somos un par de empanadas de atún con tomate, nos habíamos pasado el correspondiente desvío y casi nos plantamos otra vez en Huesca ¡toma ya!, las diez y media de la mañana y aún sin empezar a andar ¡con cuatro ovarios! (dos por cada, claro).  Tras retroceder un buen cacho, tomamos el desvío hacia Rodellar y antes de llegar nos desviamos a la izquierda en el pueblo de Pedruel.

Pedruel existe

Por fin empezamos a andar por una solana bien empinada que nos hace sudar de bien, pero que se hace amena al ver el buen paso que llevamos.  Superada la solana de la muerte, llegamos a un llano que indudablemente se presta para el correspondiente tragazo de agua y bien de cacahuetes pues la intuición y el mapa nos dicen que queda poco para llegar a la Cruz de Lacuna, un alto coronado por una pequeña cruz encaramada en un palo que nos ofrece muy buenas vistas del Tozal de Guara y su Cabezo como si de un par de saltos pudiéramos culminarles.  Nada más lejos de la realidad pues, a pesar de haber superado ya unos 750m. de desnivel, nos quedarían aproximadamente otros 500m. hasta el Cabezo.  Pasamos del intento de suicidio pues ya son las dos del mediodía, hace calor y el objetivo inicial está satisfecho.  En diez o quince minutetes más y casi llaneando llegamos a la Punta Lacuna Alta que sólo es un mojón de piedras y no hay vértice como señala el mapa.  Nos zampamos el correspondiente bocata y a bajar, no sin antes preguntar a un grupillo de gente por una pista que aparece en el mapa y pretendíamos aprovechar para la bajada, como no nos saben dar señas claras y no nos fiamos de nuestra orientación (recordemos la embarcada en el desvío de la carretera) volvemos por el mismo camino.

 La Cruz de Lacuna y el Cabezo de Guara al fondo (ahí, ahí... provocando)

 El Tozal de Guara (parece poco desde este ángulo... ¡ja!)

Un buen día aquel ¡si señor!, buena pateada, buena compañía y majas vistas.

Fecha real de la excursión: 03/03/2012
Cartografía: Nº7 de Editorial Pirineo (Parque de la Sierra y los Cañones de Guara)
Fotografías: todas mías, mías y sólo mías